La escuela de la buena suerte
“Wiseman reclutó a un grupo de 400
personas de edades y profesiones variadas. Los dividió en dos bandos a
tenor de sus obras y milagros: los suertudos y los malhadados. ¿En qué
bando se sitúa intuitivamente mi lector? Si no está seguro, atento a lo
que viene, que es revelador. Durante diez años, suertudos y malhadados
escribieron diarios, contestaron cuestionarios y realizaron tests de
inteligencia. Al final, quedó claro que su comportamiento y sus
pensamientos justificaban en gran medida la suerte que arrastraban.
Durante uno de los experimentos más
gráficos que se llevó a cabo durante esta investigación, todos
recibieron un periódico del que tenían que contar las fotografías. Los
suertudos tardaban unos segundos y los del bando de la mala suerte
tardaban dos minutos. ¿Por qué? En la segunda página del periódico había
un anuncio enorme que decía: “En este periódico hay 43 fotografías.
Deja de contar”. Estaba allí a la vista para todos, pero los suertudos
tendían a fijarse en el anuncio y los de la mala suerte, no.
Había un segundo anuncio en el periódico:
“Deja de contar. Dile al investigador que has visto este anuncio y te
dará 250 euros”. La mayoría de los del bando de la mala suerte no se
fijaban siquiera en el anuncio porque estaban obsesionados contando
fotografías… De hecho, sabemos que la gente que dice tener mala suerte
está más tensa y ansiosa que la suertuda. Y es que la ansiedad nos
impide abrirnos a las cosas, fijarnos en lo inesperado.
Cuanto más te empeñas en encontrar algo
concreto, menos cosas percibes, porque tu cerebro se centra solo en lo
que buscas. Así que pierdes oportunidades. Te pasa cuando vas a una
fiesta empeñado en encontrar a la pareja perfecta: probablemente no la
encuentres, pero es que además no intentarás siquiera hacer amigos.
Sería más productivo ir a las fiestas abierto a la posibilidad de
descubrir allí a tu media naranja, claro, y también firmemente decidido a
disfrutar en cualquier caso conociendo a personas que podrían resultar
divertidas o interesantes- por ejemplo, todas aquellas que lleven algo
rojo. ¡Sistematiza tu suerte, provócala!
Al final de sus investigaciones, Wiseman
creó una Escuela de la Buena Suerte, guiada por un principio maestro:
las personas que tienen buena suerte buscan activamente las
oportunidades y crean posibilidades para que pase algo distinto en sus
vidas. Piénsalo: es muy fácil agotar las posibilidades en tu vida porque
tiendes a ver siempre a las mismas personas, a decir las mismas cosas, a
ir a los mismos sitios… Pronto, ya no queda nada nuevo para ti. Pero si
provocas situaciones distintas, nuevas oportunidades se presentan. ¡Eso
es suerte!
Otro principio de la escuela de la buena
suerte es considerarse afortunado siempre que puedas. Imagina que estás
en un banco, entra un ladrón con una pistola y te dispara en el brazo.
Las personas suertudas sentirán que han tenido suerte de que el disparo
les haya alcanzado el brazo, en vez de la cabeza o el corazón… ¿Y tú?
Los resultados de la escuela de la buena
suerte son llamativos: el 80% de las personas que aplicaron sus
principios durante un mes mejoraron su suerte de forma radical. Así que
aunque sea tentador dejarlo todo en manos de la suerte, pensar que las
cosas han de ocurrir por si solas… la verdad es que muchas cosas están
en nuestras manos. Allí fuera, las oportunidades están esperando a que
nos fijemos en ellas, a que les hagamos un lugar consciente para que
puedan ayudarnos a transformar nuestras vidas a mejor.”
Elsa Punset, en la revista Telva
Mas sobre Elsa Punset
Sus libros: Inocencia Radical
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